No hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
Es un pacto.
Un día, sin aviso ni despedidas largas,
el sol va a salir allá afuera y mis ojos ya no lo van a ver.
Ese día no van a importar mis cosas ni mis logros,
solo va a quedar lo que hice sentir a los que se queden.
Pensar en eso me sacudió por dentro.
Entendí que no puedo seguir caminando en automático.
Si el tiempo no vuelve y la muerte me espera al final del camino,
hoy elijo abrazar más fuerte, amar sin miedo y perdonar rápido.
Miro al cielo, respiro hondo y asiento con la cabeza:
saber que voy a morir es lo único que hoy me enseña a estar vivo.

